Karl Bushby: el hombre que caminó 28 años alrededor del mundo y está a punto de llegar a casa.
Si en los últimos días has visto el nombre de Karl Bushby en todas partes, no es una casualidad. Este exsoldado británico se ha convertido en tendencia global porque está a punto de concluir una de las expediciones más extremas jamás registradas: recorrer el planeta a pie y a nado durante 28 años para volver al hogar donde empezó todo. No se trata de una hazaña improvisada, sino de una promesa personal que ha resistido crisis financieras, guerras, pandemias y hasta un oso polar.
El origen: una tarjeta de cumpleaños y una apuesta imposible
Karl Bushby era paracaidista del ejército británico y, tras dejar el servicio a finales de 1997, buscaba un desafío a la altura de su temperamento. La chispa surgió de una tarjeta de cumpleaños que le envió su padre, en la que se mencionaba una discusión entre dos miembros de las fuerzas especiales sobre si era posible caminar desde Londres hasta Nueva York cruzando el estrecho de Bering congelado .
Bushby no solo decidió comprobarlo: amplió la ruta. Trazó una línea con un rotulador sobre un mapa de pared que iba desde Inglaterra, atravesaba Europa y Asia, cruzaba el Bering hacia Alaska y descendía hasta el extremo sur de América. El 1 de noviembre de 1998, con 29 años y menos de mil dólares en el bolsillo, partió de Punta Arenas, en la Patagonia chilena, con dos reglas inquebrantables: no usar ningún medio de transporte para avanzar y no pisar el Reino Unido hasta haber completado el trayecto a pie .
Las cifras de una caminata que desafía la lógica
A lo largo de casi tres décadas, Bushby ha recorrido una distancia que los medios internacionales sitúan entre los 48.000 y los 58.000 kilómetros, dependiendo de la fuente y del método de medición . Ha atravesado cuatro continentes y pisado 29 países . Su ruta incluyó la temida selva del Darién, entre Colombia y Panamá, una zona que en aquel momento era un polvorín de grupos guerrilleros, paramilitares y carteles del narcotráfico .
El momento más simbólico llegó en 2006, cuando cruzó el estrecho de Bering caminando sobre hielo marino desde Alaska hacia Siberia. Tardó 14 días en cubrir unas 58 millas (93 kilómetros) entre témpanos inestables y agua helada. Él mismo lo describió como “el punto crucial de toda la expedición” y añadió una frase que resume la dureza del entorno: “Es el sueño de un oso polar, pero la pesadilla de un humano” .
Los obstáculos que casi lo detienen (y que no fueron físicos)
Contra lo que podría pensarse, los mayores enemigos de Bushby no fueron el clima ni el terreno, sino la burocracia y la geopolítica. Rusia le negó la visa durante años después de su travesía por el Bering y llegó a deportarlo; en 2013 le impuso una prohibición de entrada de cinco años . La crisis financiera de 2008 le hizo perder patrocinadores, lo que lo obligó a autofinanciarse durante largos períodos . La pandemia de COVID-19 añadió otro parón indefinido.
Cuando las rutas terrestres hacia Europa se cerraron, Bushby tuvo que recurrir a soluciones acuáticas extremas. En 2024 nadó aproximadamente 300 kilómetros a través del mar Caspio, desde Kazajistán hacia Azerbaiyán, una operación que le llevó más de un mes . Su norma de no usar transporte se mantuvo intacta: si el camino se interrumpía por agua, nadaba; si no le permitían cruzar por un túnel, buscaba otra forma de seguir avanzando por sus propios medios.
El regreso a casa: 20 horas nadando y 400 kilómetros por delante
El 5 de octubre de 2026, Bushby emergió en la playa de Shakespeare, cerca de Dover, tras nadar el canal de la Mancha. Empleó unas 20 horas de natación repartidas en tres días y contó con permisos especiales de las autoridades francesas y británicas, además de vigilancia de las guardias costeras de ambos países . Había solicitado caminar por el túnel de servicio del Eurotúnel, pero se lo denegaron por razones de seguridad .
“Es bueno sentir de nuevo el suelo británico bajo mis pies después de todos estos años”, declaró al llegar . Sin embargo, su expedición aún no ha terminado oficialmente. Desde Dover hasta la casa de su madre en Hull, en el noreste de Inglaterra, le quedan aproximadamente 400 kilómetros a pie. Su objetivo es cruzar la meta el 1 de noviembre de 2026, justo cuando se cumplen 28 años desde su partida desde Chile .
El precio personal de una obsesión
Detrás del récord y las cifras espectaculares hay una historia familiar marcada por la ausencia. Cuando Bushby partió, su hijo Adam tenía 8 años. Hoy Adam tiene 36, es padre y espera a su padre en Hull junto a la abuela . Bushby ha visto a su madre solo en contadas ocasiones durante estas casi tres décadas, y tiene una nieta a la que nunca ha conocido .
Él mismo ha reconocido el coste emocional de su decisión. En una entrevista con NPR, reflexionó: “Hay personas que te importan más que nada en el mundo y que pagan un precio por tus payasadas y por tus ambiciones. Eso puede ser una cruz pesada de llevar. Se vuelve más pesada con el tiempo” . Su consejo para quienes sueñan con aventuras largas es tajante: que no superen los cinco años, porque más allá de eso, las relaciones personales empiezan a resentirse de forma profunda.
Un final documentado por una leyenda del cine
El tramo final de la expedición, bautizada como “Goliath”, está siendo filmado por el cineasta alemán Werner Herzog, quien acudió personalmente a recibir a Bushby en Dover con su equipo . El documental llevará por título Walk of Life y recogerá tanto los paisajes extremos como el regreso a una vida ordinaria que Bushby ya anticipa con cierta inquietud: pagar impuestos, hacer la compra, buscar trabajo.
Para Hull, su ciudad natal, el regreso de Bushby es un acontecimiento. El Ayuntamiento ha organizado una recepción cívica en Queen Victoria Square, y una exposición gratuita en el edificio Monocle exhibirá fotografías, extractos de su diario, cartas a sus padres y “The Beast”, el carrito modificado que arrastró durante miles de kilómetros con sus pertenencias . La muestra estará abierta hasta principios de 2027.
Cuando Karl Bushby cruce el puente sobre el Humber y llegue a casa de su madre Angela, habrá cumplido la promesa que se hizo a sí mismo a los 29 años. No habrá utilizado un solo vehículo para avanzar. No habrá vuelto antes de tiempo. Y, sin embargo, la pregunta que él mismo se hace en voz alta resuena con una honestidad incómoda: “No hay nada peor que cumplir tus sueños, porque después, ¿qué haces?” .