El dodo, ¿cerca de regresar? Lo que dice la ciencia y lo que aún falta.
Ningún ser humano ha visto un dodo vivo en las selvas de Mauricio desde hace más de trescientos años. Sin embargo, la compañía estadounidense de biotecnología Colossal Biosciences, radicada en Texas, sostiene que ha avanzado de forma decisiva hacia un objetivo ambicioso: devolver a la existencia a esta ave, convertida en emblema de las extinciones causadas por el ser humano. La noticia ha despertado una duda inmediata: ¿veremos pronto dodos caminando de nuevo?
La respuesta, por ahora, es negativa. Lo que existe son progresos en la genética de las aves que permiten imaginar un camino para fabricar un animal muy semejante al dodo. Al mismo tiempo, el anuncio ha reabierto la discusión sobre los límites de la llamada desextinción y su lugar en medio de la crisis de biodiversidad que atraviesa el planeta.
El principal logro técnico consiste en haber conseguido cultivar en laboratorio células germinales primordiales de paloma, precursoras de óvulos y espermatozoides. Hasta ahora, solo se había logrado con gallinas y gansos, de modo que el resultado se considera un hito de la biología aviar. Además, la empresa ha desarrollado gallinas modificadas incapaces de generar sus propias células reproductoras, y planea introducir en sus embriones células de paloma de Nicobar, el pariente vivo más próximo del dodo, editadas para parecerse al ADN de la especie desaparecida. La secuenciación de varios genomas, entre ellos un pangenoma del dodo y sus allegados, orienta qué modificaciones hacer para recuperar rasgos como el pico curvo o la incapacidad de volar.
Pese a ello, conviene matizar el término "resucitar". La tecnología no restauraría la especie que se extinguió en el siglo XVII, sino un organismo híbrido, un sustituto con características de dodo construido sobre una paloma actual. Estudios de conservación recuerdan que la desextinción produce reemplazos y no réplicas exactas, porque los genomas antiguos tienen lagunas y porque es imposible reproducir con fidelidad la relación entre los genes y el entorno. Expertos independientes añaden que ni siquiera se conoce toda la biología del dodo, y que la Mauricio de hoy, con bosques alterados, especies invasoras y otro clima, es muy distinta de aquella para la que el ave evolucionó.
En cuanto a los plazos, Colossal calcula entre cinco y siete años para obtener el primer ejemplar vivo con rasgos de dodo, aunque admite que restan numerosas etapas de edición genética, cría y evaluación. Algunos especialistas comparan esas previsiones con las de la energía de fusión, siempre a pocos años de distancia. El proyecto cuenta con un respaldo económico notable: una ronda reciente de 120 millones de dólares eleva a más de 550 millones lo recaudado, con una valoración superior a los 10.000 millones. Ese capital se concentra en unas pocas iniciativas emblemáticas, como el dodo, el mamut lanudo y el lobo terrible.
Esa concentración de recursos inquieta a numerosos conservacionistas. Un artículo en la revista Biological Conservation defiende que la desextinción sea una herramienta complementaria y no una solución milagrosa, y advierte de riesgos como el desvío de fondos desde la protección de especies vivas amenazadas, la exageración de las capacidades de la técnica y la pérdida de urgencia para conservar hábitats reales. También preocupan el bienestar de los animales implicados y los efectos de soltar aves nuevas en ecosistemas degradados. En Mauricio, la empresa ha formado un comité asesor con científicos y actores locales para estudiar zonas libres de depredadores introducidos, aunque nadie puede asegurar cómo reaccionarán estas aves ante bosques fragmentados y un clima más cálido.
Aun así, el proyecto podría tener beneficios más allá del espectáculo. Según la propia compañía, las técnicas desarrolladas podrían ayudar a rescatar aves en peligro crítico, como la paloma rosada de Mauricio o el "pequeño dodo" de Samoa, mediante el refuerzo de su diversidad genética, la creación de líneas celulares resistentes a enfermedades y el almacenamiento de material biológico en bancos de células. La conclusión que comparte buena parte de la comunidad científica es prudente: no hay dodos en incubadoras ni fechas firmes para verlos en libertad, y una extinción sigue siendo definitiva. La tecnología puede ofrecer herramientas nuevas, pero el debate de fondo es si conviene emplearlas para enmendar errores del pasado o para proteger a las miles de especies que hoy se encuentran al borde de desaparecer.