El fútbol local nos está regalando una semana de muchísimo movimiento. Fallos, reclamos, reuniones, decisiones y conversaciones que, muchas veces, terminan ocupando más espacio que lo que realmente debería importarnos: el fútbol dentro de la cancha.
Venimos de algunos partidos que se jugaron con la temperatura bastante elevada. Gritos fuera de lugar, calenturas, discusiones y situaciones que, por momentos, parecen olvidarnos de algo fundamental: vivimos en una ciudad pequeña, donde hacemos dos cuadras y nos volvemos a cruzar con esa misma persona a la que le gritamos durante un partido. O quizás con aquel con quien tuvimos un encontronazo en el tránsito.
Guichón tiene esas cosas. Es una ciudad hermosa, de gente que se conoce, donde compartimos espacios, momentos y muchas historias. Pero también tiene sus otras caras, esas que a veces preferimos no mirar.
Y el fútbol parece haberse convertido en un caso aparte.
Este campeonato deja mucho para analizar. Hubo partidos que podemos contar con los dedos de una mano que terminaron con pérdidas económicas. Un dato que también habla de la convocatoria y del movimiento que genera nuestro fútbol.
Pero hay otro aspecto que merece destacarse: por primera vez, estamos llegando al cierre de un campeonato con todos los neutrales y los colegios funcionando, sin terminar con una estructura completamente desarmada.
Y eso también hay que reconocerlo.
No se trata de señalar ni de responsabilizar a quienes estuvieron antes. Todo lo contrario. Hay que valorar a quienes se animaron, a quienes tuvieron la valentía de asumir responsabilidades en un fútbol donde muchas veces es más fácil criticar desde afuera que sentarse a trabajar y tomar decisiones. A quienes, incluso en momentos complicados, aceptaron seguir adelante por el bien de la Liga.
Sin embargo, estamos llegando al final del campeonato de mayores y da la sensación de que se habla mucho más de lo que sucede fuera de la cancha que de lo que sucede dentro de ella.
Y ahí aparece la gran pregunta: ¿qué fútbol estamos construyendo?
Cada año, el campeonato de la Liga Regional de Fútbol de Guichón deja cosas para mejorar, reflexionar y corregir. Siempre hay aspectos organizativos, deportivos y reglamentarios que pueden ajustarse.
Pero la reflexión va un poco más allá.
¿Le estamos haciendo bien al fútbol? ¿Estamos colaborando entre todos para que crezca o, sin darnos cuenta, año tras año estamos ayudando a que se vaya apagando de a poco?
Se viene otro desafío: la Selección de Guichón. Hemos tenido años muy buenos, momentos que despertaron entusiasmo, orgullo y una enorme identificación de la gente. Pero también parece haberse perdido parte de aquella pasión que movilizaba a toda una ciudad detrás de nuestros colores.
¿Qué le está pasando al fútbol de Guichón?
Hay algo que no podemos desconocer: el fútbol sigue moviendo multitudes. Sigue convocando familias, genera movimiento comercial, reúne amigos y permite que cientos de jóvenes encuentren un espacio donde practicar deporte, compartir y crecer.
Y esto último quizás sea lo más importante.
En tiempos donde los vicios, las adicciones y otros problemas sociales están cada vez más cerca de nuestros jóvenes, el deporte tiene que ser una herramienta de contención. Una oportunidad para alejarse de caminos que destruyen vidas y familias.
No podemos permitir que esos problemas ganen terreno mientras nosotros nos desgastamos en discusiones que, muchas veces, no conducen a ningún lado.
Porque una ciudad puede ser pequeña en territorio, pero tener enormes problemas escondidos detrás de sus puertas. Una ciudad donde todos nos conocemos, pero donde también existen muchas realidades que no siempre queremos ver.
El fútbol necesita dirigentes, necesita jugadores, necesita árbitros, necesita público, necesita clubes y necesita compromiso. Pero, por encima de todo, necesita que todos entendamos que somos parte de lo mismo.
Podemos ganar, podemos perder, podemos discrepar con un fallo y podemos discutir una decisión arbitral. Eso forma parte del deporte. Lo que no podemos perder es el respeto, la convivencia y las ganas de seguir construyendo.
Quizás sea momento de hacer una pausa, mirar hacia atrás y preguntarnos qué estamos haciendo bien y qué estamos haciendo mal.
Porque los campeonatos pasan, los fallos quedan en las actas y las discusiones algún día se olvidan.
Pero si dejamos que el fútbol de Guichón pierda su gente, su entusiasmo y su esencia, recuperar todo eso será mucho más difícil.
El fútbol es mucho más que once contra once. Es identidad, es pertenencia, es encuentro y es una parte importante de nuestra sociedad.
Todavía estamos a tiempo de cuidarlo.
La pregunta es si realmente todos estamos dispuestos a hacerlo.
Editorial de Richard Márquez